miércoles, 14 de noviembre de 2012

Crónicas de un barrio "Alto Verde Querido"

Fuente de información: "Diario El Litoral"





Mónica Ritacca/ María Víttori
Fotos: José Vittori | Camarógrafo: Juan Víttori
cronicas@ellitoral.com


Un paisaje natural único. Esas cuatro palabras describen a Alto Verde, un barrio centenario de la ciudad donde la cordialidad pinta de pie a cabeza a gran parte de la gente que lo habita. La proximidad con el río y el puerto, el histórico puente Palito, la casa donde habitó Horacio Guarany de niño, los tradicionales boteros y los pescadores de alma capaces de pasar días enteros en un rancho en el medio de la isla revelan que es un barrio con una historia muy rica y valiosa. Al mismo tiempo, Alto Verde no escapa a los problemas de inseguridad que padece la ciudad. Los vecinos coinciden en que la juventud está dividida en bandas y es en el encuentro de éstas cuando pueden producirse conflictos en cualquier momento del día y en plena vía pública.

La imponente vegetación que rodea hoy al barrio costero, y que en sus orígenes lo invadía, fue lo que le dio nombre. Según consta en documentos sobre la historia del barrio, fue un hombre llamado Luis Servín a quien se le atribuye la denominación del lugar. Era el encargado del terraplén construido para resguardo de las crecientes del río, y quien en una recorrida del gobernador en una embarcación del primer administrador del puerto, Ángel Cassanello, describió al imponente albardón de la mejor manera: un Alto Verde.

Sobre la radicación de las primeras familias, se sabe que llegaron en 1910. Estaban constituidas por trabajadores portuarios y, en su mayoría, procedentes de Colastiné. Para poder instalarse y levantar sus ranchos, habían conseguido una autorización del administrador Ángel Cassanello.

La canoa era por entonces el único medio de transporte para llegar al puerto. Así surgió la actividad de los boteros, que se mantiene en la actualidad. Más tarde, y por gestión de Demetrio Gómez, el primer vecinalista, se construyó el puente Palito.

102 años después

Hoy, Alto Verde no es aquel donde habitaron los trabajadores del puerto. Aunque conserva las condiciones naturales y algunas costumbres, el crecimiento poblacional que tuvo derivó en la apertura de escuelas, de centros de salud, de comisarías.

Resta decir que todos los vecinos aman el lugar que habitan, lo que no les impide hablar de los problemas que tiene la jurisdicción como es el pésimo estado del camino de ingreso o la inseguridad. Coinciden en que hay un estigma sobre el lugar y que Alto Verde es un punto de la ciudad para conocer y descubrir. 

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